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Convento de Santo Domingo en Plasencia: arte y devoción

    El Convento de San Vicente Ferrer, también conocido como el Convento de Santo Domingo en Plasencia, es un impresionante edificio gótico del siglo XV que forma parte de la iglesia del mismo nombre. En la actualidad, ha sido transformado en un acogedor hotel, el Parador de Turismo, que te brinda la oportunidad de disfrutar de una estancia única en un entorno histórico.

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    El hotel se encuentra ubicado en el antiguo convento de San Vicente Ferrer, formando parte de un impresionante conjunto arquitectónico junto a la iglesia de Santo Domingo y el Palacio Mirabel de la familia Zúñiga. Al adentrarse en el edificio, el visitante atraviesa un porche con arcos de medio punto que conecta con el Convento de Santo Domingo. Estea construcción de estilo tardogótico cuenta con un claustro, una sala capitular y un refectorio. La sala capitular, una de las partes más antiguas, sorprende con su arquitectura gótica, dividida en una estancia cuadrada y otra hexagonal, separadas por una puerta abocinada y cubiertas con bóvedas estrelladas. El complejo hostelero ha conservado numerosos elementos originales, como el artesonado del bajo claustro, restos de pinturas murales y el púlpito y friso de azulejos talaveranos policromados del siglo XVI en el refectorio, que cuenta con una forma rectangular y renacentista. En el pasado, el Convento de Santo Domingo en Plasencia albergó una magnífica biblioteca y cátedras de Teología, Doctrina y Arte. Además, bajo el edificio, se encuentra una primitiva bodega conventual excavada en la roca, que añade un toque de misterio a la visita.

    La belleza arquitectónica del convento de Santo Domingo en Plasencia

    El Convento de Santo Domingo en Plasencia cuenta con elementos arquitectónicos que lo hacen verdaderamente especial. El impresionante claustro de estilo isabelino destaca por su artesonado mudéjar, decorado con esgrafiados y pinturas murales. La monumental «escalera al aire«, realizada por los maestros de cantería Juan de Ezquerra y Juan Álvarez en el siglo XVI, es otro tesoro arquitectónico del convento. Además, la sala capitular presenta una hermosa bóveda de crucería estrellada de ocho puntas, mientras que el refectorio se distingue por sus azulejos talaveranos, su artesonado y los respaldos del banco corrido.

    La iglesia del convento sigue un diseño de planta de cruz latina, con capillas laterales en la nave única, que sirvieron como mausoleos para las familias nobles de Plasencia. El techo abovedado presenta diversas soluciones arquitectónicas, con nervios rectos y curvos que se entrecruzan. Destaca el impresionante retablo mayor de estilo manierista, datado en el siglo XVI. En la sacristía, se encuentra un destacado altar de azulejos talaveranos atribuido a Juan de Flores.

    Estas características arquitectónicas hacen del Convento de San Vicente Ferrer un lugar de gran valor histórico y estético, que merece ser explorado y admirado durante tu visita a Plasencia.

    La leyenda del Convento de San Vicente Ferrer

    Una fascinante leyenda rodea la fundación del Convento de San Vicente Ferrer o Convento de Santo Domingo en Plasencia. Cuenta la historia que Juan de Zúñiga, hijo de los duques de Plasencia, falleció de manera repentina cuando aún era un niño. Desesperada, su madre, Leonor de Pimentel, imploró la intervención de San Vicente Ferrer, recién canonizado, para salvar la vida de su hijo. Milagrosamente, el niño resucitó justo en el momento en el que iba a ser enterrado. En agradecimiento, sus padres decidieron fundar el convento en honor a San Vicente Ferrer.

    Más allá de esta leyenda, Juan de Zúñiga se convirtió en un personaje destacado en la España de su época. Nombrado Gran Maestre de la Orden de Alcántara, tuvo un papel importante en la toma de Granada junto a los Reyes Católicos. Además, llegó a ser arzobispo de Sevilla y se le considera uno de los mecenas más destacados de las letras de su tiempo. Fue amigo y protector de Antonio de Nebrija, quien escribió su famosa gramática y diccionarios en el palacio de Juan de Zúñiga en Zalamea de la Serena (Badajoz), considerado el verdadero centro literario de Castilla y donde se produjeron algunos de los manuscritos miniados más bellos del siglo XV.

    Tras su fallecimiento, los restos de Juan de Zúñiga fueron trasladados a Plasencia, donde descansan en la iglesia adyacente al edificio. Esta historia llena de misterio y grandeza añade un elemento especial a la visita al Convento de Santo Domingo en Plasencia.

    Junto con el convento, no puedes dejar de visitar:

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